En este artículo queremos contarte cómo hemos llegado a celebrar esta onomástica de San Valentín a través de la historia que nos ha hecho situar a este Santo como el patrón de los enamorados.

Lo cierto es que esta es una historia cruel, como la vivida por tantos y tantos cristianos canonizados, que ha derivado en una celebración de amor, pero que en su versión más real y cruda nos muestra un Valentín luchador, rebelde y creyente hasta el final de su vida.

Valentín, obispo en Terni (Italia) sobre el 260 d.C. vivió un momento político en el que el reinado de Valeriano finalizó, tras su muerte, y Claudio II inicia una era de paz que duraría 40 años.

Anteriormente a Claudio II, la persecución de cristianos era feroz, pero en su reinado se relajó esa tensión y dió paso a una cierta permisividad. Fue tal el cambio que, con el fin de la prohibición de actividades de los cristianos, varios cristianos subieron a altos cargos del Estado.

Pero en ese momento, con el fin de reforzar la actitud de los soldados de su ejército, a Claudio II se le ocurre la brillante idea de enfocar a todos sus militares en la batalla, y aplica una prohibición a todos los soldados para que no se puedan casar.

De esa manera, sin familias que perder, los soldados deberían ser más fieros y aguerridos y sin miedo a no volver a ver a sus familias.

¿Y qué tiene que ver con todo esto nuestro querido San Valentín?

Bueno, ¡pues mucho! 

El obispo Valentín decidió no obedecer esa prohibición y, en secreto y a escondidas, realizaba bodas para los soldados, abriendo así el camino a su amor, a pesar de la prohibición de Claudio II.

 

El sentido de la celebración de San Valentín

 

Así, este médico y obispo realizaba bodas clandestinas y, al parecer, no tenía demasiado cuidado, porque se hizo famoso por sus actividades ilegales en toda Roma.

Valentíon fue preso y torturado por sus actos, pero aprovechó la ocasión para intentar evangelizar a Claudio II; ¡y casi lo consigue!

Al parecer, no renegó nunca de su fe cristiana ante el asombro del juez. Por ello, fue condenado a muerte.

Cuentan las leyendas que, en ese período, uno de las guardias se burlaba de él y de su fe, y que para que demostrara el poder de su Dios le reto a que sanara a su hija que era ciega de nacimiento.

Valentín lleno de fe, hizo traer a la doncella y, haciendo sobre sus ojos la señal de la cruz, dirigió al cielo esta oración:

“Señor mío Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, que disteis vista a un ciego desde su nacimiento, y que queréis la salvación de todos los hombres, dignaos oír la oración de este pobre pecador, y de curar a esta pobre doncellita”.

A estas palabras recobró su vista la niña. Asterio, el guardia, y su mujer se arrojaron a los pies de Valentín, pidiéndole el bautismo; los catequizó el Santo por algunos días, y los bautizó con toda su familia en número de cuarenta y cuatro personas.

San Valentín rogando a Dios por la curación de la ciega hija de Asterio

 

Mientras estuvo encerrado, el oficial le pidió al obispo de Terni que le diera clases a su hija Julia, con la vista recién recuperada.

Estuvieron muchos días juntos durante aquel aprendizaje, hasta el punto de que Valentín se enamoró de la muchacha.

Pero el juicio siguió adelante y el final no fue precisamente bueno. El sacerdote fue condenado a muerte, lapidado y decapitado el 14 de febrero del 269 d.C.

La víspera de su ejecución, le envió una nota de despedida a la chica firmada con las palabras «de tu Valentín». 

La celebración de San Valentín sustituye a las fiestas Lupercales

 

Los romanos celebraban lupercalia en honor a la loba (lupus, lobo en latín) que amamantó a Rómulo y Remo, los fundadores de Roma, con el fin de hacer fértiles a sus mujeres.

Un sacerdote, disfrazado de cabra (hircus), dirigía una ceremonia en la que sacrificaba a un macho cabrío. Con el cuchillo impregnado de su sangre, teñía los rostros de los luperci, adolescentes romanos que se iniciaban en la etapa adulta.

Las manchas de sangre se extendían con lana del animal muerto. Con la piel del chivo se hacían correas con las que los lupercos azotaban a las jóvenes romanas, otorgándoles el honor de la fertilidad.

Algunos autores señalan que, después de este ritual, los jóvenes acudían al bosque y llevaban a cabo orgías multitudinarias, como iniciación de la etapa fértil.

El salvajismo que se cometía, las barbaridades que se practicaban o el cariz pagano de aquella festividad -puede que una mezcla de las tres-, llevó a la Iglesia a tomar cartas en el asunto. En el año 494 d.C. decidieron cristianizar aquella fiesta y borrar de la memoria colectiva los lupercales.

Lupercus se celebraba el día 15 de febrero y consistía en un sorteo mediante el cual cada chico escogía el nombre de una joven, la cual se convertía en su compañera sexual durante un año.

La Santa Sede quiso acabar con esta celebración pagana y canonizó a San Valentín como patrón de los enamorados.

A partir de ahí, San Valentín se celebró durante mil quinientos años, hasta que la Iglesia Católica, consciente de las dudas que existían sobre la veracidad de la historia del obispo, acabó con ella de manera oficial en 1969.

Hoy en día, aunque en día 14 de Febrero, se ha recuperado como una celebración del amor, un día muy especial para los enamorados, y también para todos aquellos que buscan su media naranja.

Todo la atención está dirigida hacia el patrón que ayudaba a los enamorados a abrir el camino del amor en sus vidas, y ese es el arquetipo espiritual al que nos dirigimos en todos los rituales de luz que se llevan a cabo este día.

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